REGIÓN – Venezuela | Datos y ficciones sobre el consumo alimentario.

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Por William Serafino
(Misión Verdad)

La propaganda teledirigida hacia la exacerbación del consumo alimentario representa una clave fundamental de la guerra económica. Sin embargo, más allá de la neurosis y la permanente producción del miedo relacionado al utilitario manoseo de la palabra “escasez”, los datos estadísticos oficiales referidos al tema alimentario colocan en contexto la perversa orquestación del plan político empresarial contra la Revolución Bolivariana.

Entrando en materia

La efectiva repartición de la renta petrolera como eje medular del Gobierno Bolivariano que iniciaba en los moribundos albores del siglo XX, tiene su aspecto más sensible en el tema alimentario.
Luego de 16 años de timonear el barco del proyecto bolivariano ante bestiales sabotajes económicos en los frentes interno y externo, el 95,4% de la población venezolana, hoy, come tres y más veces al día. Cifras reconocidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Según el Instituto Nacional de Estadística, el consumo alimentario (medido en gramos) se ha mantenido estable durante el año 2014. Escenario totalmente lógico partiendo de las capacidades limitadas que usted y yo detentamos cuando ingerimos alimentos. No es posible comer 8 ó 9 veces en un día.
Venezuela es el único país del planeta, y en este detalle es menester reafirmarlo, en el cual un individuo de clase alta o media-alta (sector A y B, o estrato I y II) consume la misma cantidad de gramos de arroz, pollo, carne, pescado y granos que un individuo situado en estratos inferiores (IV y V). Tenga el salario que tenga, trabaje donde trabaje, haya estudiado en una universidad extranjera o no, la implementación de organismos estatales paralelos a las cadenas tradicionales del malandraje comercial cumplen su objetivo: la homologación en el acceso a los alimentos.
El individuo clase media-alta puede comerse un churrasco (Santa Bárbara) en El Maute Grill, pero en términos globales y poblacionales consume la misma cantidad de alimentos que los habitantes de los barrios, profesionales en la elaboración de sancochos y parrillas en esquinas y platabandas.

Dos explicaciones

Según las cifras publicadas por el Ministerio del Poder Popular para la Alimentación, la distribución de alimentos ha aumentado en un 52% con respecto a los primeros meses del año pasado. Porcentaje que se traduce en 898 mil 450 toneladas de alimentos distribuidos durante los primeros meses del año 2015.
La producción del miedo mediante la palabra “escasez”, el contrabando de extracción, el macroacaparamiento y el bachaqueo han impulsado este ficticio aumento de la demanda alimentaria y, por ende, la presión hacia una acelerada y enloquecida distribución alimentaria por parte del Estado. Analicemos detalladamente el papel que juegan mencionados factores de la guerra económica, colocándolos bajo la mirada profunda de la sospecha.
No guarda ninguna relación con el aumento de la población para el año 2015, ya que según las proyecciones del INE tan sólo unos 400 mil nuevos habitantes abrirán los ojos en territorio venezolano.
El contrabando de extracción y el macroacaparamiento que hay detrás también forman parte del plan político empresarial contra la economía venezolana. El daño parcial ocasionado a la política alimentaria del Gobierno nacional se refleja en las cifras que ofrece la Vicepresidencia de la República sobre las incautaciones realizadas en la frontera con Colombia: en los últimos tres meses del año 2014, casi 40 mil toneladas de alimentos fueron recuperados por los operativos contra el contrabando. La cifra es cercana a las 46 mil 530 toneladas de alimentos distribuidas por el Gobierno nacional, en más de 7 mil operativos que beneficiaron a casi 8 millones de personas durante los primeros tres meses del año 2015. Realidad que prefigura tanto la perversión del plan empresarial, como la capacidad de respuesta estratégica del Gobierno Bolivariano.

El estilizado diseño (mediático) de las incongruencias

Pero existe en un tercer elemento que debe ser analizado desde la lógica más elemental apegada, siempre, a un proceso altamente conspirativo y mafioso, en el cual los principales actores de la guerra económica se pagan y se dan el vuelto.
La propaganda neurotizante juega un papel estelar. Dicha maniobra psicológica se traduce en la realidad a través de las “compras nerviosas” y el acaparamiento doméstico. Ya en el mes de enero el presidente Maduro anunciaba que habían ido a comprar alimentos y otros productos 18 millones de personas, cuando lo natural es que se dirijan de 10 a 11 millones cada mes.
Sin embargo, y teniendo como referencia los datos acá suministrados, en el país se han distribuido el doble de alimentos que el año pasado. Las principales empresas nacionales y transnacionales del ramo alimentario, más allá de la reiterativa queja sobre “la falta de divisas”, siguen sobrexponiendo sus “capacidades productivas” (financiadas con dólares subsidiados por el Estado) a través del bachaqueo, el contrabando de extracción y galpones llenos de productos acaparados.
La producción “nacional” y las importaciones alimentarias están en pleno apego. La “escasez” sintetiza, en este sentido, una patraña mediática dirigida a profundizar el miedo dentro de la población.
Ahora bien, si existe el doble de alimentos en el país, sería insuficiente pensar que sólo a partir de “compras nerviosas” los anaqueles estén parcialmente vacíos, generando colas para que la población acceda a cantidades limitadas de diferentes alimentos.

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El relato de la “escasez” sintetiza una patraña mediática dirigida a profundizar el miedo dentro de la población

Si en el año 2014 usted tenía las gavetas de la cocina full de alimentos, y si hoy por hoy compra el doble y hasta el triple por “nerviosismo”, sencillamente no tiene espacio dónde guardar tanta cantidad de alimentos. Es un factor psicológico que juega su papel, pero pensar que la gente en Venezuela guarda Harina PAN, aceite, azúcar, café, pollo, carne y granos debajo de la cama, en el clóset y en la funda de las almohadas, dista por mucho de la realidad. Teniendo en cuenta que es imposible, materialmente hablando, que alguien coma el doble de lo que el estómago le permite. Como también es imposible almacenar 30 kilos de pollo, carne y cochino en una nevera, ó 30 kilos de Harina PAN, café y otros alimentos en las gavetas de la cocina.
Ya que el “nerviosismo” como única fuente de explicación queda descartada y al contrabando de extracción/macroacaparamiento se le han venido dando golpes certeros, entonces nos queda saldar cuentas con la mafiosa arquitectura del bachaqueo financiada por la ultraderecha y el parasitaje (anti)venezolano.
El bachaqueo juega al número 9 en términos organizativos y de propaganda. Sin embargo, genera sospecha imaginar que todos los anaqueles son saqueados recurrentemente por este factor, perdiendo de vista la retroalimentación orquestada en términos de malandraje comercial.
El bachaquero nunca exhibe la monumental cantidad de alimentos que acumula día tras día. ¿Parte de su actividad consiste en restituir una buena parte de su stock a las cadenas regulares (y delincuenciales) de comercialización? ¿Las grandes empresas nacionales y transnacionales botan o incineran la comida acaparada ante la reforzada vigilancia del Estado? ¿Los bachaqueros también están implicados en estas prácticas de guerra directa? ¿Cómo se explican las colas y la “escasez” cuando existe (y se ha distribuido) comida para alimentar al doble de la población venezolana?
Los datos y ficciones presentados en esta breve investigación demuestran que más allá del tradicional análisis superestructural de la guerra económica, aparecen incongruencias y pretensiones parasitarias dirigidas a profundizar el asedio contra la población.
El parasitaje (anti)venezolano está agotando velozmente las estrategias utilizadas el año pasado. Pero el Gobierno Bolivariano, también, ha tomado mayor soltura en el ring para atacar cuando es necesario. En consecuencia, ir al extremo de quemar y botar inventarios enteros de comida, acentuar las colas y el bachaqueo teledirigido, intentan configurar una válvula de escape que les permita recrudecer e ir reinventando sobre la marcha su plan político con miras de torcer la voluntad del pueblo chavista.
Pero de este lado la claridad política es enorme. Tener conciencia de su plan, de sus movimientos y de sus acciones nos blinda la moral: la pared contra la cual se siguen dando carajazos.

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